El arbitraje: escudo contra la corrupción

El arbitraje: escudo contra la corrupción

Por: Adrián Pérez Salazar

Las revelaciones hechas en las últimas semanas han puesto en evidencia el nivel de corrupción que infecta el sistema judicial de nuestro país. Afortunadamente existe algo que permite escudarnos de este peligro: el arbitraje.

El arbitraje es un método alternativo de solución de conflictos donde las disputas son resueltas por expertos en derecho de reconocida capacidad y honestidad, denominados “árbitros”, en vez de los jueces ordinarios. La ley ecuatoriana reconoce a las decisiones tomadas por los árbitros (denominados “laudos”) la misma fuerza que una sentencia de última instancia, es decir, sin la posibilidad de apelación. Dicho de forma simple: en los arbitrajes los árbitros efectivamente sustituyen a los jueces, y sus decisiones son incluso más robustas que las sentencias comunes y corrientes.

La forma de acceder a este sistema alternativo es muy sencillo: al momento de redactar un contrato se añade lo que se conoce como una “cláusula arbitral”, la cual esencialmente indica que las partes acordaron que, de surgir una disputa relacionada a ese contrato, esta será resuelta en arbitraje y no por la justicia ordinaria. Nada más. Mediante la inclusión de esta sencilla cláusula uno puede ahorrarse a futuro todos los problemas asociados con litigar en nuestro problemático sistema de justicia.

Pese a lo sencillo que es pactar una cláusula arbitral, es necesario cerciorarse de que esté correctamente redactada, pues de lo contrario existe el riesgo de que la misma no surta efectos, en cuyo caso la disputa permanecería dentro de la competencia de los jueces ordinarios. Igualmente, existen materias concretas que no son “arbitrables”, es decir, que la ley no permite sean resueltas por arbitraje sino que necesariamente deber resolverse por un juez. Por todo ello, es imperativo asesorarse con abogados especialistas antes de incluir una cláusula arbitral en un contrato.

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